Los dirigentes deportivos de nuestro país afrontan un gran desafío. Deben TRANSFORMAR UNA REALIDAD. La que atraviesan las diferentes organizaciones deportivas, sea cual fuere su tamaño y niveles de competencias en los que participe. No importa si es un club de barrio que ofrece actividades socio deportivas, cuya razón de ser es el de contener a los chicos del lugar, o de un club de mediana estructura, que participa en diferentes competencias federativas o aquel que posee una organización deportiva profesional.
Todas están cruzadas por las mismas debilidades. En mayor o menor medida.
Algunas de definición institucional, entre la que aparecen la cultura organizacional, los valores, las políticas; otras con aspectos relacionados a la gestión en la que identificamos al tipo de conducción y las maneras en que los procesos se ejecutan, controlan y evalúan; y por último, pueden ser las estructurales, generadas a partir de la creación de grandes agrupaciones que no tienen nada que ver con su tamaño real y que provocan déficits presupuestarios que ponen en riesgo su estabilidad.
En la actualidad, con conocimiento y la ayuda de las distintas herramientas de gestión a las que puede acceder, el dirigente puede prever estas situaciones y potenciar y darle sustento a las entidades que conducen.
